Vicky López, la jeta inocente

El impacto de la joven internacional en la Eurocopa ha resultado asombroso, ha respondido con excelencia a la confianza de Montse Tomé en la fase de grupos

El impacto de Vicky López (Madrid, 2006) en la Eurocopa ha resultado conmovedor, un desafío al orden establecido. No lo tiene sencillo, convive con el peso de la competencia. En su zona de influencia más natural todavía enseñan sus encantos deportivos probablemente las mejores jugadoras de la historia del fútbol nacional; Alexia Putellas y Aitana Bonmatí. En su rutina habitual en el Barça incluso se ha adaptado a la banda derecha, el hogar de otra superestrella, Caro Graham Hansen.

A punto de cumplir 19 años y a pesar de esas puertas casi infranqueables, Vicky expresa una naturalidad inusual en cada uno de sus pasos, convierte lo excepcional en normalidad bajo esa inocencia juvenil que desprende, un hallazgo de optimismo, de buena energía. La alegría es el parque donde se recrea.

Luego hace del césped el mejor escenario para el flow, al fútbol le añade jeta, osadía para enseñar cualidades relacionadas con el buen pie. Vicky no responde al perfil de ida y vuelta, de desfase físico, lo suyo se relaciona con la pelota, con el juego asociativo e incluso, a veces, con el arte de gambetear. Pequeña de estatura, pero con tren inferior privilegiado, de corto parece que baile al ritmo del dembow y del trap, los géneros generacionales del ahora y que tanto la acompañan.

El talento de esta joven criada en el puente de Vallecas se ha encargado de destrozar registros. Ante Portugal, en la primera fecha del torneo, anotó el segundo gol y añadió currículum a la Wikipedia como la futbolista más joven en marcar un gol en la Eurocopa con España. La precocidad siempre ha definido su tránsito. Debutó en Primera con el Madrid CFF con 15 años y ya en el Barça, con 16, se estrenó en la Champions. Este mismo año ha recibido el premio Golden Girl como mejor joven de Europa.

Todas esas conquistas van acompañadas de un rendimiento poco común a su edad. Cuando participa lo hace con una madurez impropia, asombrosa. La inoportuna meningitis vírica que padeció Aitana Bonmatí pocos días antes del arranque de la Euro provocó que la seleccionadora Montse Tomé pensara en Vicky.

Le ofreció chance en el once y la joven, como si se volviera inmune a la presión, respondió con minutos diferenciales. Acertó ante Portugal y en la segunda jornada, ante Bélgica, asistió a Alexia Putellas en la diana inaugural. Contra Italia, como rotación, rompió la monotonía del juego con minutos deliciosos. Electricidad y sonrisas.

Vicky López conduce un balón durante el partido ante Portugal . PHOTO Adelina Cobos / Era Fútbol Femenino

Vicky López ha gritado con fútbol que no se encuentra de paso en el torneo, se aferra a cada oportunidad para generar recuerdo. Suiza no significa retiro vacacional de julio, quiere el título y un espacio protagonista. Los hechos demuestran que la edad nunca es un problema para ella.

La lógica dicta que en los cuartos de final ante Suiza su puesto será inicialmente el banquillo, pero ella ya ha demostrado que su talento e ingenio le hacen brillar hasta en los momentos más insospechados

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